miércoles, 19 de mayo de 2010

Y como la tercera es la vencida, aquí va el tercer intento de blog. Dejo la cocina y las historias de desempleo para que las cuenten otros y me pongo a escribir de lo que veo pasar, a llenar el espacio en blanco que, por principio me asusta y como dijo Foucault (ay, ay) a usar las palabras mientras las haya, antes de que la generación metroflog se olvide para siempre de ellas.

Me gustan las palabras, han sido mis mejores amigas desde los cuatro. Por eso las quiero a todas, me las guardo todas detrás de los párpados, en un lugar fresco y oscurito para que no se me echen a perder y como aquí parece un lugar seguro, las voy a ir dejando de a poquito.

Cualquier cosa antes de seguirmelas guardando, no vaya a ser que una de estas mañanas me despierte con las letras chorreandome del oído, con una contusión de palabras agudas, o Dios no lo quiera, esdrújulas.

Igual, ya terminé Rayuela (de a dos y dos veces) y si veo otra peli de Meg Ryan, una de dos, o empiezo a gritar como histérica o acabo cometiendo la vulgaridad de enamorarme en el parque y para colmo de Tom Hanks.

Bueno, como siempre he tenido problemas de compromiso, no prometo regularidad, pero si mucha honestidad. Ahora me largo a buscar en el clóset, las cajas de zapatos donde guardo mis diarios, mis recortes y la poesía de domingo, haber si me acuerdo por que diantres se me ha ocurrido empezar otro blog, empezar otra vez a construir este puente hasta el otro, el puente que nunca me he atrevido a cruzar.

Me voy con mi música a otra parte.

Les dejo mi canción. video